El arte argentino perdió a una de sus figuras más trascendentales, debido al fallecimiento de Juan Carlos Distéfano este sábado 25 de julio a los 92 años. El escultor, pintor y diseñador gráfico dejó un legado marcado por el drama político y existencial que atravesó la historia del país durante el siglo XX. Su velatorio de llevará a cabo desde las 20 horas en un salón velatorio del barrio porteño de Palermo.

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Nacido en 1933 en Villa Celina, Distéfano se formó en las escuelas nacionales de artes gráficas y de bellas artes antes de perfeccionarse en Italia. Junto a su esposa, la dramaturga Griselda Gambaro, exploró las raíces del arte europeo para luego aplicarlas en la modernización visual de Argentina. Su rol fundamental en la organización del Departamento de Diseño Gráfico del Instituto Di Tella posicionó al país en la vanguardia internacional del diseño.

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Innovación en el diseño y la escultura: vida y obra de Distéfano

El trabajo creativo de Distéfano en el Instituto Di Tella incluyó colaboraciones estrechas con profesionales como Rubén Fontana y Humberto Rivas. Esta labor transformó la comunicación visual argentina y permitió que varias piezas llegaran a la colección permanente del MoMA en Nueva York. A partir de 1968, el artista comenzó la experimentación con resina de poliéster y fibra de vidrio para definir su lenguaje escultórico definitivo.

Su primera exposición individual ocurrió en 1964 dentro de la Galería Riobóo Nueva con obras vinculadas al expresionismo neofigurativo. Tres años más tarde integró la representación nacional en la Bienal de San Pablo junto a David Lamelas y Emilio Renart. A pesar de los intentos de censura oficial sobre su producción, el respaldo de colegas como Julio Le Parc garantizó la exhibición de sus trabajos.

Exilio y consagración en el ámbito nacional

La violencia política de la década de 1970 influyó directamente en creaciones emblemáticas como El mudo y Procedimiento. En 1977, Juan Carlos Distéfano partió hacia Barcelona luego de que el gobierno militar prohibiera una novela escrita por Griselda Gambaro. El regreso definitivo a la Argentina sucedió en 1980, momento en el cual retomó la producción desde su taller en Don Bosco. Su compromiso con la representación del dolor humano y la memoria se mantuvo firme durante toda su trayectoria posterior.

La Fundación Konex otorgó los máximos galardones a su carrera en 1982 y 1992 por su aporte invaluable a las artes visuales. El Museo Nacional de Bellas Artes organizó importantes retrospectivas bajo la gestión de especialistas como María Teresa Constantin. En 2015, el escultor representó al país en la Bienal de Venecia y consolidó su estatus como un referente indiscutido de la cultura. Críticos como Juan Gabriel Batalla definieron su producción reciente como un jardín escultórico de belleza feroz y gran potencia estética.